domingo, 25 de julio de 2010

Luces para una decadencia de la lengua española


Por: Charles Miller V.

En tiempos como los de hoy en los que nos encontramos inmersos en una sociedad marcada por lo visual y que hace caso literal al adagio popular que dice que “una imagen vale más que mil palabras”, la gramática del español tiene un pie en el cementerio o por no decir como el famoso y humorístico corresponsal Ricardo Jorge visto en los canales nacionales de televisión en épocas del pasado mundial Sudáfrica 2010, la lengua “ha muerto”.

Por lo anterior, el libro de la Nueva Gramática o Gramática de Medellín aparece (con el arduo trabajo de expertos de la lengua) como una herramienta útil y necesaria para todo hispano-hablante en su vida diaria y que a su vez preserva la pluralidad y mantiene la unidad de nuestra lengua española, reflejando un trabajo rico y ejemplar de la misma.

Un libro que cuenta con 2 mil 500 páginas, producto de 10 años de trabajo de numerosos académicos, intelectuales e investigadores universitarios y las 23 Academias de la Lengua Española y que debido a su aprobación en nuestra ciudad el 24 de marzo de 2007 en el Congreso de la Asociación de las Academias de la Lengua Española se recuerda o es denominado también la Gramática de Medellín.

De 1931 cuando fue escrita la última gramática por la Real Academia Española a hoy, el mundo ha cambiado y evolucionado 79 años, el idioma se ha transformado, ha robado y a adoptado de otras lenguas y culturas, ha pasado a convertirse en una clase de cruce favorable pero a su vez desfavorable para el saber hablar, leer y escribir.

A lo anterior, sumada la parte que ha hecho los nuevos medios tecnológicos en contribuir a la pérdida de la costumbre del saber escribir bien, medios como las Blackberry, los Iphone y también las redes sociales y chats que el usuario por la inmediatez y en el afán de responder y tener una comunicación rápida pero a veces inefectiva y confusa con sus familiares y amigos, acaba omitiendo signos ortográficos y haciendo apócope de un sin número de palabras ininteligibles.

Es destacable la tarea que realizan actualmente las universidades del país, por incluir en los pensum de los diferentes pregrados, cursos obligatorios que tienen por esencia el rescatar y recordar un poco las clases de español vistas en la primaria y la secundaria de los profesionales en formación. El problema es que la solución no reside en la oferta de cursos sino en el compromiso y el interés del profesional por concienciarse de la importancia de los contenidos como una futura carta de presentación.

Son los comunicadores, periodistas, escritores y literatos, vistos ante las demás profesiones como una clase de diccionarios vivientes, al punto de que un error ortográfico o al hablar sería fatal en su quehacer como lo sería para un ingeniero errar en una operación matemática, pero no olvidemos que no es una cuestión de profesiones, es una Gramática de todos y para todos.